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¿Cómo es realmente la vida para los negros en Cuba?

Una sesión de escucha con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y miembros de una delegación de investigación de los Estados Unidos. A los líderes de la delegación se les preguntó si también se habían acercado a cubanos de la oposición. (Cortesía de la oficina del presidente cubano).

El gobierno dice que está combatiendo el racismo. Un periodista dice: no seas ingenuo

Bajo el titular «Cómo Cuba reconoce la negritud a través de las leyes y la ciencia», el New York Amsterdam News informó la semana pasada sobre conversaciones acerca del racismo en Cuba que tuvieron lugar durante un viaje de «investigación» a la isla que denunció el «embargo genocida» de los Estados Unidos incluso antes de que comenzara el viaje.

Abraham Jiménez Enoa (en la imagen), un periodista cubano exiliado que este año es el ganador del Premio Percy Qoboza para periodista extranjero de la Asociación Nacional de Periodistas Negros, vio el reportaje de *Amsterdam News* y declaró: «Este texto es un manual perfecto de cómo el régimen cubano utiliza el “blanqueamiento” institucional para venderle a la prensa extranjera una realidad idílica que no existe. El corresponsal se traga por completo la narrativa oficial en el escenario ideal para el engaño: el Centro Fidel Castro, un espacio diseñado precisamente como un laboratorio de propaganda».

El viaje a Cuba fue organizado por el Instituto del Mundo Negro del Siglo XXI (*Institute of the Black World 21st Century*) y el Diálogo de Unidad Panafricana (*Pan African Unity Dialogue*), liderados por el veterano activista Ron Daniels. La delegación de 24 personas incluyó a figuras de los medios como Julianne Malveaux, economista política y columnista; Herb Boyd, redactor principal de *Amsterdam News*; Denise Rolark Barnes, editora de *Washington Informer*; Nisa Islam Muhammed, redactora de *The Final Call*; Milton Allimadi, editor de *Black Star News/Crisis in Africa and Caribbean Task Force*; y Karen Carrillo, redactora principal de *Amsterdam News* (en la imagen).

El representante Jonathan Jackson, demócrata por Illinois, habló brevemente en la conferencia de prensa, y representantes del gobierno cubano ocupaban la primera fila. Los dirigentes planean reclutar a funcionarios y organizaciones afroamericanas para su causa.

Entre las recomendaciones del grupo figuraba que una «delegación de expertos afroamericanos en derechos civiles, derechos humanos y asuntos jurídicos, junto con sus homólogos cubanos, [se reuniera] para un diálogo sobre el estado de la discriminación racial en Estados Unidos y Cuba, con el objetivo de compartir políticas para eliminar el racismo en ambos países».

Aunque la conferencia de prensa del 9 de junio se centró en las traumáticas condiciones de vida en la isla, de las que se culpó a Estados Unidos mientras se descartaba la responsabilidad del gobierno cubano, las preguntas sobre si se había entrevistado a familiares de presos políticos o a figuras de la oposición fueron eliminadas del video de la reunión, sin explicación alguna.

Carrillo escribió: «El gobierno cubano dice que está combatiendo el racismo mediante un enfoque por capas. En lugar de simplemente crear una sola ley o campaña, ha establecido garantías constitucionales; promulgado una ley contra la discriminación; creado un sistema nacional de recopilación de datos; y desarrollado programas sociales específicos, trabajo cultural, educación, memoria pública y solidaridad internacional».

Carrillo hizo referencia a Color Cubano, el Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial oficial de Cuba, implementado en 2021. «Cuando fue aprobado por el Consejo de Ministros, creó una comisión nacional integrada por unos 30 representantes de ministerios, instituciones y organizaciones, y luego encomendó al Laboratorio Social Color Cubano, en La Habana, supervisar su implementación».

Anayansi Rodríguez Camejo, viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, «dijo que la comisión incluye organismos gubernamentales, el ámbito académico y organizaciones de la sociedad civil, y que identifica los lugares específicos donde los cubanos negros y afrodescendientes siguen enfrentando condiciones desiguales», escribió Carrillo.

Jiménez Enoa, consultado por Journal-isms para comentar el artículo, respondió (el texto en negrita es suyo):

Agradezco que me compartas este artículo del New York Amsterdam News. Mi lectura, como periodista cubano que ha vivido y documentado la realidad de la isla —y que ha sufrido las consecuencias de hacerlo—, es radicalmente distinta a la visión idílica, ingenua y profundamente manipulada que presenta la reportera Karen Juanita Carrillo.

Este texto es un manual perfecto de cómo el régimen cubano utiliza el “lavado de imagen” (whitewashing) institucional para venderle a la prensa extranjera una realidad idílica que no existe. La corresponsal se traga por completo el discurso oficial en el escenario idóneo para el engaño: el Centro Fidel Castro, un espacio diseñado precisamente como un laboratorio de propaganda.

A continuación, te comparto un análisis extenso y contundente de lo que este artículo calla y de cómo funciona verdaderamente el racismo sistémico y la opresión en Cuba.

  1. El mito de la “Revolución antirracista” y el racismo histórico del castrismo

El artículo cita a la viceministra afirmando que la Revolución de 1959 “abolió” el racismo por decreto. Esa es la primera gran mentira histórica. Lo que el castrismo hizo en 1959 no fue erradicar el racismo, sino criminalizar su debate público. Bajo el dogma totalitario de la “unidad nacional”, declarar que en Cuba existía racismo fue catalogado durante décadas como un acto de “traición a la patria” o divisionismo contrarrevolucionario. Al silenciar el problema, blindaron el racismo estructural.

El castrismo ha sido, desde su núcleo originario en la Sierra Maestra, un proceso liderado por una élite blanca, de clase media-alta y patriarcal. Los negros y mestizos cubanos fueron utilizados como carne de cañón en las guerras de intervención en África (Angola, Etiopía) y en las movilizaciones internas, pero el poder real jamás les fue transferido.

La mesa redonda de Journal-isms debatió «Cuba: ¿Víctima, villano o ambas?» en diciembre de 2023. Esta columna vino después. (Crédito: YouTube)

  1. La farsa de la representación: Negros por estadística y “tokenismo”

La viceministra vende el programa “Color Cubano” (creado oportunistamente en 2019) como un gran logro. La realidad es que la presencia de personas negras en el funcionariado público actual es pura cosmética estadística.

  • Antes de los años 90 y 2000: Los negros en los altos cargos del Partido Comunista de Cuba (PCC) se podían contar con los dedos de una sola mano (Juan Almeida Fidel, Esteban Lazo).
  • La estrategia actual: Ante la presión internacional y el evidente descontento popular, el régimen implementó una política de cuotas. Colocan a ciudadanos negros en puestos visibles de la Asamblea Nacional o en ministerios secundarios para “vender” diversidad hacia el exterior. Sin embargo, estos funcionarios carecen de poder político real; no toman decisiones macroeconómicas ni controlan el aparato militar o de inteligencia (monopolizado por GAESA y la élite blanca no electa). Son utilizados como mercancía política y decoración institucional.
  1. La geografía de la marginalidad y el mito universitario

El artículo menciona muy de pasada que “las desventajas siguen afectando a las familias negras”, pero no explica que esto es una consecuencia directa del diseño económico del Estado.

  • Barrios marginales: El racismo en Cuba es espacial y estructural. Las zonas con los peores índices de habitabilidad, hacinamiento, derrumbes e insalubridad (como Centro Habana, San Miguel del Padrón, Guanabacoa o los barrios periféricos de las provincias orientales) están pobladas abrumadoramente por cubanos negros y mestizos.
  • La brecha económica y las remesas: Cuando el régimen dolarizó la economía mediante las tiendas en MLC (Moneda Libremente Convertible), condenó a la población negra a la miseria extrema. Históricamente, la diáspora cubana que emigró en las primeras oleadas y que hoy envía remesas es mayoritariamente blanca. Las familias negras no reciben dólares ni euros del exterior, dependiendo exclusivamente de salarios estatales en pesos cubanos que no cubren ni una semana de alimentación básica.
  • Minorías en las universidades: Aunque la viceministra asegura alegremente que “todos tienen derecho a la universidad”, las aulas de la educación superior muestran una alarmante escasez de estudiantes negros. La crisis económica estructural obliga a los jóvenes afrodescendientes a abandonar los estudios tempranamente para incorporarse al mercado informal de subsistencia o a trabajos precarios. El acceso real a las universidades está condicionado por el privilegio económico y, además, por la “idoneidad política”.
  1. La discriminación intelectual y política

El racismo cubano es especialmente feroz contra el intelecto negro que decide pensar por sí mismo. El régimen tolera al negro folclórico, al deportista o al músico sumiso. Pero cuando un intelectual, activista o periodista independiente negro cuestiona las estructuras de poder, la respuesta del Estado es el aplastamiento absoluto.

La Fundación Nacional para la Democracia (NED) anunció el martes que los miembros de la oposición cubana Félix Navarro, a la izquierda, Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo Pérez se encuentran entre los ganadores de los Premios a la Democracia 2026, un reconocimiento que distingue a personas y organizaciones de diferentes países por su defensa de las libertades fundamentales frente a regímenes represivos. (Crédito: Collage Diario de Cuba.)

Los activistas del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CCIR) o del movimiento artístico independiente (como el Movimiento San Isidro) han sido perseguidos, encarcelados o empujados al exilio forzoso. Al negro disidente se le castiga con doble severidad en Cuba: se le trata como un “ingrato” que supuestamente le debe su humanidad a la Revolución de Fidel Castro. El racismo institucional penaliza la autonomía intelectual afrocubana.

  1. El Centro Fidel Castro: Un monumento dictatorial para el lavado de imagen

Es sumamente sintomático que esta entrevista se haya realizado en el Centro Fidel Castro Ruz en La Habana. Este lugar es la joya de la corona del aparato de propaganda de la dictadura.

  • El costo del mito: En un país en ruinas, donde los hospitales no tienen jeringuillas ni aspirinas, donde la población sufre apagones diarios de más de doce horas y la escasez de comida es crónica, el régimen gastó millones de dólares en construir este centro de alta tecnología.
  • Culto a la personalidad: Aunque la ley cubana prohíbe teóricamente los monumentos a Fidel para mantener una fachada de “modestia”, este centro es un mausoleo ideológico gigante dedicado a santificar la memoria de un dictador que gobernó el país con mano de hierro por casi medio siglo sin someterse jamás a elecciones democráticas.
  • Cómo funciona el engaño: El Centro Fidel Castro está diseñado específicamente para recibir a delegaciones extranjeras, intelectuales de izquierda y periodistas norteamericanos de medios afroamericanos (como el Amsterdam News). El régimen les ofrece un tour guiado con pantallas táctiles, hologramas y estadísticas sesgadas. Utilizan la legítima sensibilidad histórica de los periodistas extranjeros sobre el racismo en EE. UU. para convencerlos de que Cuba es el “paraíso de la justicia racial”.

Conclusión: La complicidad del periodismo ingenuo

Periodistas como Karen Juanita Carrillo visitan la isla bajo el control estricto del Minrex (Ministerio de Relaciones Exteriores), se alojan en hoteles controlados por los militares y entrevistan a diplomáticos de alto rango dentro de palacios climatizados. No caminan por las calles de los barrios marginales, no hablan con los familiares de los presos políticos (muchos de ellos jóvenes negros que salieron a protestar el 11 de julio de 2021 pidiendo libertad y comida) ni consultan las fuentes del periodismo independiente cubano.

El programa “Color Cubano” no es más que una ley sobre el papel diseñada para responder a la agenda internacional y limpiar el expediente de derechos humanos de una dictadura militar moribunda. Es doloroso ver cómo medios internacionales dedicados a la justicia racial se prestan, por sesgo ideológico o ignorancia cruda, para amplificar la propaganda de un régimen que oprime, empobrece y silencia a su propia población afrodescendiente.

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